1886: ¿Ancla de una realidad o sello de una ficción?
By Francisco Pérez (myztiko@gmail.com)
En abril de 1892, una pequeña serie de estampillas desconocidas apareció de pronto en la prensa filatélica estadounidense. Supuestamente habían sido emitidas seis años antes por una compañía naviera centroamericana ya desaparecida. No venían acompañadas de sobres genuinos, de archivos postales ni de documentos comerciales verificables. Venían, más bien, de la mano de un comerciante filatélico: A. W. Dunning.

Los valores de esta emisión son: 1 centavo verde, 2 centavos carmesí, 10 centavos azules, 50 centavos café y una sobrecarga de 5 centavos sobre el 1 centavo verde.
El diseño de la estampilla muestra dos vapores: uno principal en el centro y otro secundario a su izquierda. Asimismo, en la parte superior izquierda incluye las iniciales “U.S.”, y en la superior derecha, “México”. La estampilla presenta el valor tanto en números como en letras, en inglés y en español. Fueron litografiadas y tienen perforación 11.
Esta es una emisión bastante conocida, en condición nueva con goma, especialmente entre los coleccionistas de correo marítimo. Existen otras estampillas emitidas por compañías navieras, como la famosa Lady McLeod, la estampilla de la Hamburg American Packet Company, y Gauthier Frères & Cie. (1856-1857), entre otras.



La serie ha estado cargada de polémica desde su aparición. El catálogo de Scott la incluyó en la categoría “local” hasta que dejó de hacerlo en 1916.
La serie ha sido estudiada por varios filatelistas, quienes han publicado sus teorías y hallazgos en diversas revistas especializadas. Algunos se limitaron a describir las estampillas de la emisión, mientras que otros han tratado de determinar qué vapor aparece en el diseño de las estampillas, la casa impresora e incluso la existencia de la compañía de vapores que supuestamente la emitió. El veredicto no ha sido unánime. Unos han concluido que es una Cinderella; otros, que es una emisión falsa; y otros, que podría tratarse de una emisión genuina.
Marko Micanek realizó una revisión bibliográfica rigurosa y procura, aunque no llega a una conclusión definitiva, determinar si la serie es genuina o falsa. Una parte importante de su análisis se centra en cuestionar los argumentos del artículo “Bringing a Bogus Issue into the Dock”, de Varro E. Tyler, quien sostiene que las estampillas fueron producidas por un reconocido falsificador filatélico, el mayor Brewster Cox Kenyon.
El libro de Micanek confirma que el problema sigue abierto. Aunque parece que él se inclina a creer que sí son genuinas, hace grandes esfuerzos por demostrar que la empresa pudo haber existido y la ubica en Boston, Massachusetts. Uno de los principales argumentos a favor de la autenticidad de la emisión es la aparición de fragmentos con el matasellos “Central America S.S. Co. – SAN BLAS – 1886” en la estampilla con el resello de 5 centavos.
Antes de juzgar la naturaleza de la emisión, es necesario reconstruir su aparición: quién la presentó, cuándo se dio a conocer, qué se dijo al respecto en ese momento y cómo reaccionó la prensa filatélica de la época.
1. El debut del comerciante: La sospechosa irrupción de A. W. Dunning
La primera pista documental nos lleva a A. W. Dunning, un reconocido comerciante filatélico de la época. La evidencia publicada indica que Dunning fue quien introdujo la emisión en el mercado filatélico.
El dato es importante porque la serie no aparece inicialmente en un sobre circulado, en un archivo postal ni en los documentos de una compañía naviera. Aparece, más bien, a través de la prensa filatélica estadounidense cuando Dunning envió dos valores a The American Philatelist.
La primera mención conocida de esta emisión se encuentra en The American Philatelist, en una nota fechada el 10 de abril de 1892. En ella, William C. Stone, escritor de la revista, indica que había recibido dos ejemplares de la emisión de manos de Dunning: una sobrecarga de 5 centavos sobre el 1 centavo verde, usada en un fragmento de wrapper, y un ejemplar nuevo de 2 centavos carmesí.
Según la información proporcionada por Dunning, la Compañía Centroamericana de Vapores ya no existía y probablemente había sido absorbida por la Pacific Mail Company. La revista, sin embargo, no ofreció una conclusión definitiva. Por el contrario, publicó la información recibida y solicitó a sus lectores cualquier dato adicional que pudiera ayudar a esclarecer el origen de la emisión. Esto sugiere que la revista dudaba de que una emisión pudiera pasar inadvertida durante seis años y luego aparecer de repente en manos de un comerciante.
Tal vez esas dudas ayuden a explicar el siguiente movimiento de A. W. Dunning. Un mes después, en mayo de 1892, envió cartas a varias revistas, entre ellas, The American Philatelist, Mekeel, American Journal of Philately y Scott Stamp and Coin Co., desde su casa en Los Ángeles, diciendo lo siguiente:
“Señores, en respuesta a su amable carta de fecha reciente, les envío una copia de la carta que tengo en mi poder del Sr. Thomas. Confiando en que esto le será satisfactorio, créame, Atentamente, A. W. Dunning”
Esta carta incluía una misiva de C. H. Thomas, supuesto secretario de la Compañía Centroamericana de Navegación, fechada el 30 de marzo de 1892, escrita en papel membretado de la compañía. El membrete dice literalmente:
Central American Steamship Co.- (Incorporated June 3, 1886) – Special Freight Rates to all Central American Ports.
La carta indicaba que un señor Álvarez había comprado a Thomas los remanentes de las estampillas de la compañía en diciembre del año anterior (1891). Asimismo, afirma que los libros contables ya no están en su poder, por lo que no puede precisar cuándo ni en qué cantidades fueron emitidas las estampillas, pero asevera que fue en marzo o junio de 1886.
Con respecto a la impresión, Thomas indica que se imprimieron el doble de valores bajos que de valores altos y que estos últimos fueron litografiados en Boston. El dado fue enviado a la empresa junto con la primera impresión. Una vez que la empresa dejó de existir, el dado fue limpiado y vendido a una imprenta en la Ciudad de México.
Sobre la correspondencia, Thomas dice que las estampillas se usaron en cartas enviadas en sus vapores y que, si la correspondencia tenía como destino ciudades del interior, también debería llevar estampillas del país.
El resultado de los esfuerzos de A. W. Dunning, al explicar y presentar pruebas del supuesto origen de la emisión mediante la carta de C. H. Thomas, fue inmediato. En 1892, la cuarta edición del catálogo Mekeel incluyó la emisión por primera vez, con un valor de $42.50 para el conjunto de cinco sellos.
Esto sugiere que la estrategia funcionó. En cuestión de semanas, una serie desconocida, logró entrar en la conversación filatélica y ser reconocida por uno de los catálogos importantes de la época.
Sin embargo, hay un detalle que complica la historia. Un año después, A. W. Dunning empezó a vender la serie completa de cinco valores por apenas $5. Como consecuencia, el catálogo de Mekeel redujo el valor del conjunto a $3.50.
La pregunta es inevitable: ¿por qué un comerciante que había hecho un esfuerzo tan evidente por lograr que el mercado aceptara una emisión procedería poco después a reducir drásticamente su precio?
La explicación más sencilla es que Dunning pudo haber tenido acceso a una cantidad considerable de ejemplares. Si la emisión hubiera sido realmente escasa y su historia hubiese estado sólidamente documentada, no tendría mucho sentido liquidarla a una fracción del valor inicialmente asignado. Este comportamiento comercial no prueba, por sí solo, que la emisión sea falsa; pero sí sugiere que su entrada al mercado no fue orgánica. Fue empujada, explicada y legitimada por un comerciante.
Esto nos lleva a la segunda pista: la existencia misma de la compañía.
2. Una naviera entre sombras: El laberinto legal de una empresa inexistente
Micanek dedica una parte importante de su investigación a ubicar la empresa naviera. El autor encontró un anuncio publicado en The National Republican el 28 de noviembre de 1885, en el que se indica que el superintendente Bell, del servicio de correo exterior norteamericano, había firmado un contrato temporal con la Central American Steamship Company de Boston para transportar correo norteamericano desde Boston hacia La Habana y Honduras, una vez al mes.
El anuncio señala que la naviera prometía tiempos de entrega más rápidos que los acostumbrados y que, si cumplía con esas condiciones, el contrato podría convertirse en definitivo. Sin embargo, Micanek no encontró otra mención de dicho contrato ni de la naviera. Tampoco encontró evidencia documental de que una empresa con ese nombre hubiera sido formalmente constituida, fusionada, adquirida o absorbida por otra compañía.
Este punto es fundamental. La carta atribuida a C. H. Thomas, utilizada por Dunning para legitimar la emisión, estaba escrita en papel membretado de la Central American Steamship Co. El membrete decía literalmente:
Central American Steamship Co. — Incorporated June 3, 1886 — Special Freight Rates to all Central American Ports.
El problema es evidente: el anuncio del contrato postal hallado por Micanek precede en siete meses a la fecha de incorporación indicada en el membrete de Thomas. Según ese membrete, la compañía habría sido incorporada el 3 de junio de 1886. Pero el supuesto contrato temporal con el servicio postal norteamericano habría sido anunciado a partir de noviembre de 1885.
No es imposible que una empresa opere antes de su incorporación formal, o que el contrato se haya negociado con una entidad en proceso de constitución. Pero al menos resulta extraño que una autoridad postal firmara un contrato, aunque fuera temporal, con una compañía que, según su propio membrete, aún no existía legalmente. Esa contradicción no resuelve el misterio, pero sí debilita una de las principales piezas utilizadas para defender la autenticidad de la emisión: la carta de C. H. Thomas. Si la compañía existió, todavía falta encontrar la documentación que lo demuestre. Y si no existió, entonces el membrete, la carta y la explicación transmitida por Dunning merecen un examen mucho más crítico.
En este punto, es importante hacer una aclaración. Una empresa con un nombre similar sí aparece en fuentes centroamericanas del siglo XIX. Al revisar bases de datos históricas costarricenses, encontré un documento de febrero de 1853 titulado “Contrata de vapores entre Manuel F. Carazo, por parte del Gobierno, y Tomás Wright, a nombre de la Compañía Centroamericana de Navegación a Vapor”.
Asimismo, Roberto Gallardo, en Patrimonio cultural marítimo de El Salvador: Registro de Pecios (2016), menciona que el primer vapor comercial que arribó al Puerto de La Unión, en el Golfo de Fonseca, fue El Primero, el 8 de enero de 1854. Según Gallardo, se trataba de un barco de 225 toneladas perteneciente a la Compañía Centroamericana de Navegación por Vapor. El autor añade que en febrero de ese año se anunció un contrato entre el Gobierno de El Salvador y el ciudadano norteamericano Thomas Wright, en calidad de representante de la compañía naviera. Aunque aclara que nunca se concretó.
Sin embargo, esta información debe interpretarse con cautela. La compañía mencionada en esas fuentes centroamericanas corresponde a la década de 1850, mientras que la emisión filatélica bajo estudio se vincula, según la carta de C. H. Thomas, con una empresa supuestamente incorporada en 1886. Entre ambos datos hay más de treinta años de diferencia.
Por lo tanto, la existencia de una compañía centroamericana de navegación a vapor en 1853-1854 no resuelve el problema. Más bien, obliga a distinguir entre dos posibilidades: que se trate de antecedentes históricos de una empresa posterior, todavía no documentada, o que el nombre haya sido reutilizado, confundido o aprovechado para construir una narrativa de legitimidad en torno a la emisión.
Si la existencia jurídica de la compañía sigue siendo incierta, la siguiente pregunta es inevitable: ¿qué valor probatorio tienen los fragmentos usados con el matasellos “Central America S.S. Co. – SAN BLAS – 1886”?
3. El enigma de San Blas: ¿Evidencia de uso o tinta fabricada?
Con el paso del tiempo, empezaron a aparecer en el mercado ejemplares usados de esta serie. La mayoría de ellos fue rápidamente descartada como falsa. Esto no debe sorprender. Cuando una emisión rara, polémica y de alto valor entra al mercado filatélico sin documentación sólida, los usos fabricados tienden a aparecer tarde o temprano.
El filatelista Richard B. Graham publicó un artículo titulado “Usage of steamship stamps still a mystery” en Linn’s Stamp News del 3 de julio de 1995. En ese artículo, Graham realizó una revisión bibliográfica de trabajos previos sobre la emisión e ilustró varias piezas conocidas. Una de ellas es el único sobre reportado con una estampilla de esta serie adherida. Se trata de un sobre enviado desde New Bedford, Massachusetts, al primer oficial del barco ballenero Mary Carr, con la indicación “Please Forward Panama”. El sobre pagó 2 centavos con una estampilla norteamericana y, además, lleva un ejemplar de 2 centavos de la serie de la Compañía Centroamericana de Vapores. En esta última estampilla aparece la marca “Not Paid” en la esquina inferior izquierda.

Sin embargo, este sobre ha sido considerado espurio por consenso de los autores que lo han estudiado. Por lo tanto, aunque resulta una pieza llamativa, no puede utilizarse como prueba del uso postal genuino de la emisión.
El matasellos de San Blas

Más interesante es el matasellos ovalado con la leyenda “Central American S. S. Co. – San Blas – 1886”. Este matasellos ha sido considerado por algunos estudiosos como la principal evidencia a favor de un posible uso genuino de la emisión.
Graham ilustra una reconstrucción del matasellos basada en dos piezas múltiples: un bloque de cuatro y un par de la sobrecarga de 5 centavos sobre el 1 centavo verde. La importancia de estas piezas radica en que, juntas, permiten reconstruir casi por completo el diseño del matasellos.
Micanek también dedica atención considerable a este punto y presenta una cronología de las piezas reportadas con el matasellos de San Blas:
- 1892. Se menciona un fragmento usado de la sobrecarga de 5 centavos sobre el 1 centavo verde.
- 1911. Bertram W. H. Poole menciona estampillas usadas.
- 1965. Los hermanos Williams reportan tres estampillas sueltas con matasellos de San Blas.
- 1966. Un lector del artículo de los hermanos Williams reporta un bloque de cuatro con un matasellos casi completo de San Blas.
- 1993. Siegel subasta el bloque de cuatro mencionado anteriormente y un par de estampillas con la parte exacta del matasellos que le falta al bloque.
- 2010. Mike Sartori reporta una estampilla suelta con el matasellos.
- 2021. Corinphila ofrece un lote con cinco estampillas sueltas y un fragmento de 2 centavos con el matasellos.
Este fragmento fue parte del lote subastado por Corinphila en el 2021

Esta cronología es importante porque muestra que el matasellos de San Blas no se conoce únicamente a partir de una pieza aislada. Existen varios reportes en distintos momentos, aunque eso, por sí solo, no resuelve el enigma. La repetición del matasellos puede interpretarse de dos maneras: como evidencia de un uso real o como evidencia de que una misma fuente produjo o distribuyó varias piezas con una marca destinada a dar la apariencia de uso postal.
Graham y Micanek también estudian el posible origen del nombre “San Blas”. Una posibilidad es que se refiera a un puerto. Existe un puerto de San Blas en Nayarit, México, además de otros lugares con ese nombre en el Caribe, específicamente en Cuba y en Panamá. Sin embargo, el único con alguna relevancia marítima en la época parece haber sido el San Blas, de la costa pacífica mexicana.
La otra posibilidad es que “San Blas” no se refiera a un puerto, sino a un vapor. En efecto, existió un S.S. San Blas de la Pacific Mail Steamship Company. Fue construido en agosto de 1882, con 1.496 toneladas netas y 2.075 toneladas con carga. Cubría la ruta San Francisco–Panamá–San Francisco, con escalas en Acapulco, Champerico, San José de Guatemala, Acajutla, La Libertad, La Unión, Punta Arenas y Panamá. El viaje completo tomaba 48 días. El barco naufragó el 18 de diciembre de 1901 frente a la costa de El Salvador, sin pérdida de vidas humanas.
Este dato abre una posibilidad interesante. Si el nombre “San Blas” en el matasellos se refiere al vapor de la Pacific Mail Steamship Company, entonces la marca no necesariamente estaría vinculada a un puerto, sino a una embarcación. Pero también plantea una dificultad: ¿por qué una estampilla supuestamente emitida por la Central American Steamship Co. habría sido cancelada con una marca que parece aludir a un vapor de la Pacific Mail?
La pregunta es relevante porque Dunning afirmó, desde la primera mención de la serie, que la Compañía Centroamericana de Vapores probablemente había sido absorbida por la Pacific Mail Company. El matasellos de San Blas podría parecer coherente con esa explicación. Pero también podría haber sido construido precisamente para reforzarla.
En otras palabras, el matasellos de San Blas es la pieza más sólida a favor de la autenticidad de la emisión, pero también una de las más problemáticas. Si es genuino, podría mostrar algún tipo de uso postal privado en 1886. Si no lo es, sería una pieza clave de la narrativa destinada a legitimar la serie ante el mercado filatélico.
4. Navegando a la deriva: La contradicción geográfica de los dos océanos
A las dudas anteriores se suma otra pregunta fundamental: ¿en qué océano operaba realmente la Central American Steamship Co.?
La pregunta no es menor. Si nos guiamos por el anuncio citado por Micanek, la compañía habría estado vinculada a una ruta desde Boston hacia La Habana y Honduras. Es decir, una operación en el Atlántico o en el Caribe. Pero si nos guiamos por el matasellos de San Blas, la interpretación cambia. San Blas podría referirse al puerto de San Blas, en Nayarit, México, o al vapor S.S. San Blas de la Pacific Mail Steamship Company. En ambos casos, la pista nos lleva al Pacífico.
Esta ambigüedad geográfica debilita la narrativa de la emisión. Una compañía naviera real, con operaciones postales o semipostales lo suficientemente importantes como para justificar una emisión privada de estampillas, debería dejar alguna huella más clara sobre su zona de operación, sus rutas, sus vapores, sus contratos o sus agentes. Sin embargo, en este caso los indicios parecen apuntar en direcciones distintas.
Si la compañía operaba en el Pacífico, el problema sería evidente. En esa costa ya operaba la Pacific Mail Steamship Company, una empresa consolidada, con rutas regulares y una larga experiencia en el transporte de pasajeros, carga y correspondencia entre San Francisco, México, Centroamérica y Panamá. En ese contexto, no resulta fácil explicar por qué una compañía menor, de existencia aún no documentada, habría necesitado emitir estampillas privadas para manejar correspondencia fuera de valija, especialmente si ya existía una red marítima y postal funcional.
Si, por el contrario, la compañía operaba en el Caribe o en el Atlántico, el problema tampoco desaparecería. En esa zona también existían compañías navieras establecidas que prestaban servicios regulares como la Royal Mail, y la Hamburg-Amerika-Linie, entre otras. Además, buena parte de la correspondencia fuera de valija relacionada con vapores y rutas internacionales se procesaba mediante canales postales establecidos, especialmente en Nueva York. Si la Central American Steamship Co. realmente prestó un servicio postal privado o complementario, cabría esperar algún rastro de ese uso: sobres, marcas de tránsito, cancelaciones de agentes, referencias en la prensa comercial o documentos vinculados a los oficiales de correo exterior.
Hasta ahora, esa evidencia no parece existir. En todo caso, no se conoce un sobre genuino de la emisión usado en condiciones que permitan reconstruir una ruta postal completa. Tampoco se conocen piezas con canceladores de oficiales de correo exterior que respalden la existencia de un servicio regular. Lo que existe es un pequeño grupo de fragmentos con un matasellos que, aunque llamativo, sigue siendo difícil de ubicar en una operación marítima concreta.
Por eso, la pregunta sobre el océano no es un detalle menor. Si los expertos no se ponen de acuerdo sobre si la compañía operaba en el Pacífico o en el Caribe, entonces todavía falta la pieza básica que permitiría entender la lógica postal de la emisión. En este caso, la ruta es incierta, el servicio no está documentado y la necesidad postal no ha sido explicada de manera convincente. Todo lo anterior resulta aún más problemático si se considera el contexto postal de la época. Thomas C. Jefferies, al describir la oficina general de correos de Nueva York, señala que el correo extranjero llegaba principalmente en vapores, con Nueva York como puerto de tránsito o de destino, aunque también podía ingresar por Boston, Filadelfia, Key West, Nueva Orleans, Laredo, San Francisco, Seattle y Vancouver. Es decir, el sistema postal norteamericano ya contaba con varios puntos de entrada y una estructura organizada para procesar la correspondencia internacional.
Jefferies también menciona que una parte importante de esa correspondencia llegaba sin franqueo completo o solo parcialmente pagada, y que el sistema postal se encargaba de calcular y cobrar los portes correspondientes. Este dato es clave. Si el correo marítimo internacional ya contaba con canales formales para recibir, distribuir y cobrar la correspondencia insuficientemente franqueada, la necesidad práctica de una emisión privada como la de la Central American Steamship Co. se vuelve aún menos clara.
En otras palabras, el problema no es únicamente que no sepamos si la compañía operaba en el Pacífico o en el Caribe. El problema es que, en cualquiera de los dos escenarios, ya existía una infraestructura postal capaz de gestionar la correspondencia marítima internacional. Por eso, la ausencia de sobres genuinos, de marcas de tránsito, de agentes identificables, de registros comerciales o de evidencia operativa no es un simple vacío documental. Es una ausencia difícil de conciliar con una compañía que supuestamente tuvo la necesidad de emitir sus propias estampillas.
Una estampilla privada de una compañía naviera requiere una ruta, un servicio, una necesidad operativa y evidencia de uso. En este caso, la ruta es incierta, el servicio no está documentado y la necesidad postal resulta cada vez más difícil de explicar.
5. La sombra del maestro: La mano de Brewster Cox Kenyon(alias Kenyon Brewster Cox)
La investigación del filatelista Varro E. Tyler, plasmada en su artículo “Bringing a Bogus Issue into the Dock” (1985), señala directamente a una figura central: Brewster Cox Kenyon (alias Kenyon Brewster Cox). Este personaje no era un aficionado; era un hombre de múltiples facetas: comerciante de estampillas, subastador, mayor y pagador del Cuerpo de Voluntarios de los EE. UU., que dominaba a la perfección el arte de la manipulación del mercado.
La primera señal de alarma sobre su posible vinculación con la serie de 1886 proviene de una crónica de 1898 escrita por W. Sellschopp. En ella, el editor relataba cómo un “gran lote” de etiquetas de la Central American Steamship Co. había sido “desenterrado” en Los Ángeles, calificando el hallazgo como un éxito económico para “alguien más”, en clara alusión a un beneficio ilícito.
La reputación de Kenyon como falsificador sistemático está ampliamente documentada:
- Un falsificador nato: Christopher G. Harman sostiene que Kenyon estuvo dispuesto a fabricar y vender emisiones completamente falsas durante toda su vida.
- Un currículum de infamia: David Beech, en su obra Grinnell Missionaries, lo identifica como el cerebro detrás de la falsificación de los “Misioneros de Hawái” y de los famosos invertidos de 90 centavos de 1869.
- El detalle técnico: Se sabe que Kenyon llegó al extremo de intentar comprar el papel específico utilizado en las emisiones hawaianas originales para perfeccionar sus fraudes.
- Diversidad de campos: Su “operación” no conocía límites, abarcando desde sellos de los departamentos de Estado hasta registros fiscales y emisiones de los Estados Confederados.
Kenyon poseía la capacidad técnica, los contactos necesarios y, sobre todo, la disposición para producir material filatélico no autorizado destinado a seducir a los coleccionistas de finales del siglo XIX. Su perfil encaja con asombrosa precisión con el tipo de “maestro” capaz de orquestar una emisión tan exótica y difícil de verificar como la de la Compañía Centroamericana de Vapores.
Existe un trabajo de Kenyon que resulta de especial interés para este análisis: la creación, en 1898, de la serie no autorizada conocida como Army Frank.

Como es notorio, estos sellos no tienen valor facial y su propósito era ser utilizados en la correspondencia oficial militar. Tanto el ejército como el servicio postal rechazaron los sellos como espurios y se confirmó que el diseño y la producción fueron realizados por el mayor Brewster C. Kenyon en 1898. Aunque se anunciaba apto para su uso durante la Guerra Hispano-Estadounidense, nunca fue autorizado por el Ejército ni por el Departamento de Correos.
Durante la investigación de este artículo, noté una similitud cromática entre algunos valores de los Army Frank de 1898 y los de la serie de la Compañía Centroamericana de Vapores. La observación es necesariamente circunstancial: una comparación de colores no basta para atribuir una impresión. Sin embargo, el paralelo recuerda algo importante para este análisis: Kenyon tenía la capacidad técnica, los contactos y la disposición para producir material filatélico no autorizado destinado al mercado de coleccionistas.
La pregunta, entonces, no es si esta evidencia prueba que Kenyon produjo la serie. No lo prueba. La pregunta es más limitada, pero igualmente relevante: ¿encaja Kenyon en el tipo de persona que pudo haber estado detrás de una emisión de este tipo? La respuesta parece ser que sí.
Pieza múltiple de 49 sellos del 1 centavo verde, que en apariencia, nunca fue puesto en venta

Pieza múltiple de 49 sellos de la sobrecarga de 5 centavos en rojo sobre el 1 centavo verde. La gran mayoría de las piezas “usadas” llevan este sello.

Estas dos imágenes ayudan a validar el relato de que las estampillas de esta serie fueron impresas en pliegos de 98 estampillas.
6. Vecinos en California: El nexo entre el “creador” y el vendedor
Aunque ningún autor parece haber demostrado una relación directa entre Brewster Cox Kenyon y A. W. Dunning, existe al menos un nexo temporal y espacial que merece atención. Ambos eran contemporáneos y estaban en California a comienzos de la década de 1890: Kenyon en Long Beach y Dunning en Los Ángeles.
Imagen tomada del directorio de filatelistas de EE. UU

Este dato, por sí solo, no prueba colaboración alguna. Pero sí resulta sugestivo dentro del conjunto de circunstancias que rodean la aparición de la emisión. La serie no apareció en un archivo postal ni en correspondencia comercial claramente vinculada a la compañía. Apareció en manos de un comerciante filatélico de California, acompañada de una carta explicativa y de una historia que pretendía justificar su origen.
La posible participación de Kenyon, por lo tanto, no debe entenderse como una conclusión cerrada, sino como una hipótesis compatible con algunos elementos del caso: su trayectoria como productor de material filatélico espurio, su presencia en California, la mención temprana de Sellschopp sobre las etiquetas de la Central American Steamship Co. y la posterior aparición de otras emisiones no autorizadas asociadas a su nombre.
Esta hipótesis no resuelve el caso, pero cambia el ángulo de análisis. Si la emisión no puede explicarse con claridad desde la operación postal de una compañía naviera, entonces debe considerarse también la posibilidad de que haya surgido del mercado filatélico mismo: como una pieza diseñada, narrada y distribuida para satisfacer el interés de los coleccionistas por emisiones raras, locales o privadas.
El anclaje de 1886: ¿Cimiento de verdad o arquitecto de una ficción?
Después de revisar la aparición de la serie en el mercado, la actuación de A. W. Dunning, la incierta existencia jurídica de la Central American Steamship Co., los fragmentos con el matasellos de San Blas, la ambigüedad sobre su zona de operación y la posible sombra de Brewster Cox Kenyon, hay un hilo conductor que atraviesa todo el misterio: el año 1886.
Ese año aparece, primero, en las estampillas, así como en el membrete de la carta atribuida a C. H. Thomas, donde se afirma que la compañía fue incorporada el 3 de junio de 1886. Aparece también en la misma carta, cuando Thomas indica que las estampillas habrían sido emitidas en marzo o junio de ese año. Y aparece, finalmente, en el matasellos ovalado de San Blas, con la leyenda “Central American S. S. Co. – San Blas – 1886”.
A primera vista, la repetición de 1886 podría interpretarse como una señal de consistencia. Pero también puede leerse de otra manera: como el año en torno al cual se construyó toda la narrativa de legitimidad de la emisión.
El asunto no es menor. Si la compañía fue incorporada el 3 de junio de 1886, resulta difícil aceptar sin reservas que las estampillas hayan sido emitidas en marzo, abril, o mayo de ese mismo año. Para que eso hubiera ocurrido, una empresa que aún no existía legalmente habría tenido que encargar, aprobar, recibir y poner en circulación una emisión privada antes de su propia incorporación.
Incluso la posibilidad de junio plantea preguntas. Si la incorporación ocurrió el 3 de junio, habría que explicar cómo, en cuestión de días o semanas, la compañía pudo organizar la impresión de las estampillas, recibirlas, distribuirlas, utilizarlas en la correspondencia y generar piezas mataselladas. No es imposible, pero sí exige evidencia documental que, hasta ahora, no parece haber aparecido.
Por eso, 1886 no debe verse solo como una fecha reiterada. Es una pieza central del problema. Si ese año es correcto, debería existir alguna huella documental que lo respalde: registros de incorporación, contratos postales, anuncios comerciales, listas de vapores, correspondencia de la empresa o evidencia postal fechada de manera confiable.
La ausencia de esa documentación no prueba, por sí sola, que la emisión sea falsa. Pero sí obliga a ser cautelosos. La historia de la Compañía Centroamericana de Vapores descansa, en buena medida, sobre documentos y marcas que se refuerzan entre sí, pero que no parecen estar respaldados por evidencia externa suficiente.
A esa ausencia documental se suma un problema operativo. Si la compañía operaba en el Pacífico, lo hacía en un entorno en el que la Pacific Mail Steamship Company ya ofrecía rutas consolidadas y una red operativa de transporte de correspondencia. Si operaba en el Caribe o en el Atlántico, también existían compañías navieras establecidas y canales postales capaces de procesar la correspondencia internacional. En cualquiera de los dos escenarios, la necesidad práctica de una emisión privada sigue sin quedar claramente explicada.
La posible sombra de Brewster Cox Kenyon no prueba la falsedad de la emisión, pero sí refuerza la necesidad de examinarla con cautela. Su perfil encaja con el tipo de actor que pudo haber entendido el valor comercial de una emisión exótica, difícil de verificar y atractiva para el mercado filatélico de finales del siglo XIX. En ese sentido, sigue abierta la pregunta inicial: ¿quién estuvo detrás de la serie de la Compañía Centroamericana de Vapores de 1886? Lo que sí parece claro es que la emisión no entró al mundo filatélico como una emisión postal plenamente documentada. Entró de la mano de un comerciante, acompañada de una carta explicativa, fue aceptada temporalmente por algunos catálogos y sostenida hasta hoy por un pequeño grupo de piezas cuyo valor probatorio sigue siendo discutible.
Tal vez por eso, más de 130 años después, esta serie conserva su atractivo. No solo por sus colores o su rareza, sino también porque sigue planteando una pregunta incómoda: si 1886 es la clave del misterio, ¿es la prueba que confirma la autenticidad de la emisión o, por el contrario, la pista más reveladora de una historia construida para darle legitimidad?
Referencias:
- Micanek, M. (2022). The Central American Steamship Company (2.ª ed.). Edición del autor.
- Tyler, V. E. (1985). Bringing a bogus issue into the dock: Central American Steamship Co. Stamps. The American Philatelist, 919-921.
- Graham, R. B. (1995, 3 de julio). Usage of steamship stamps still a mystery. Linn’s Stamp News.
- Gallardo, R. (2016). Patrimonio cultural marítimo de El Salvador: Registro de pecios. UNESCO; Secretaría de Cultura de la Presidencia.
- Harman, C. G. (1997, 24 de abril). Fakes, forgeries and their creators [Folleto de exposición]. The Royal Philatelic Society London.
- Beech, D. (2003). The Grinnell Missionaries. Mystic Stamp Company.
- Jefferies, T. C. (1922). The postal system of the United States and the New York General Post Office. Manufacturers Trust Company.