Francisco Pérez

Asumimos la edición de Timbre en un momento de transición y de oportunidad para la filatelia mundial. Esta nueva etapa editorial toma el relevo del trabajo desarrollado por Álvaro Castro-Harrigan, cuya labor permitió consolidar Timbre como un espacio de reflexión rigurosa en torno al estudio serio de una amplia variedad de temas filatélicos. Sobre esa base se construye ahora un esfuerzo que busca proyectar la publicación hacia nuevos formatos y audiencias.
Durante décadas, la filatelia en Costa Rica ha sido preservada, estudiada y enriquecida por investigadores y coleccionistas que han entendido la estampilla y la correspondencia como fuentes documentales de primer orden. En ese sentido, la filatelia ha operado históricamente como una disciplina auxiliar de la historia, capaz de aportar evidencia, contexto y matices a la comprensión de los procesos políticos, económicos, sociales y culturales. Sin embargo, gran parte de ese conocimiento permanece disperso, limitado a formatos físicos o a círculos especializados.
El desafío que enfrentamos no es la ausencia de contenido, sino la necesidad de hacerlo accesible, legible y relevante en el contexto digital. La digitalización no responde aquí a un afán tecnológico, sino a una preocupación editorial: cómo asegurar la continuidad del conocimiento filatélico y su capacidad de diálogo con nuevas generaciones de investigadores y lectores.
Timbre se convierte así en la primera publicación de un proyecto más amplio de digitalización y puesta en valor del archivo filatélico, concebido no como un simple ejercicio de reproducción, sino como un proceso editorial. Digitalizar implica seleccionar, contextualizar y reinterpretar; implica también asumir que el archivo solo cobra sentido cuando entra en diálogo con nuevas preguntas y nuevas lecturas.
Este número inaugural responde a esa lógica. Los artículos que lo conforman abordan la filatelia costarricense como fuente histórica, como objeto cultural y como herramienta auxiliar para la investigación, activando el archivo más allá de su dimensión material. No se trata únicamente de preservar el pasado, sino de ponerlo a trabajar en el presente.
Desde esta edición entendemos Timbre como un primer paso. Editar, en este contexto, es también una forma de preservación; y digitalizar, una manera de ampliar la conversación. Este proyecto nace con la convicción de que la filatelia costarricense aún tiene mucho que aportar a la historia, siempre que existan espacios editoriales adecuados para ello.